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23 octubre 2008

Metal Gear Solid 4: Guns of the Patriots PS3




Resulta intrigante y complejo abordar un título de este calibre. Desde hace tres años, Metal Gear Solid 4 ha sido la estrella indiscutible de una plataforma que deslumbraba a los millones de fans repartidos en todo el mundo con cada nueva imagen, cada espectacular trailer, creando unas esperanzas y expectativas que aseguramos, son tan desproporcionadamente elevadas que prácticamente nadie podrá quedar satisfecho.




Pero obviando todas estas capas de meta-información que en el fondo son mero artificio frente a la obra final, nadie puede negar su integridad. MGS siempre ha sido una saga emblema, que ha crecido a lo largo de sus más de veinte años de historia, dejando momentos inolvidables en la memoria de los jugadores, aunque también una serie de cabos argumentales sueltos e incógnitas que han logrado cerrarse en esta entrega y para suerte (o desgracia de algunos), este capítulo cumple como broche final para las andazas de Solid Snake.

1987. Mucho ha acontecido desde el Metal Gear original de MSX. Tanto que el propio Hideo Kojima, el über-director de la franquicia, se ha dado cuenta de que los tiempos han cambiado, tanto para él como para Solid Snake. Nuestro legendario héroe sufre un envejecimiento precoz que amenaza con poner fin a su vida. El mundo sufre un conflicto a nivel global que afecta a los soldados. Los medios de comunicación manipulan información. Estamos prácticamente solos. No hay lugar para la infiltración, el sigilo ha pasado a un segundo plano. Metal Gear Solid definitivamente ha cambiado.



Éste es uno de los aspectos fundamentales de la nueva entrega. La acción cobra un protagonismo esencial ante los ejercicios de infiltración puros que han significado otras entregas previas. La perspectiva a la hora de disparar se une a la tendencia de juegos como Resident Evil 4 o Gears of War, permitiéndonos desplazarnos y apuntar en primera persona si la acción lo requiere. A su vez y en ciertos combates, podremos unirnos a las pequeñas milicias locales, las cuales nos proporcionarán ítems o apoyo. Debido a detalles respectivos al guión (no pretendemos desvelar absolutamente ningún detalle de la trama) no podremos utilizar directamente armas de los rivales. Para ello recurriremos a Drevin, un señor de la guerra experto en tecnología que las pondrá a punto, nos proporcionará munición y permitirá mejorar sus características ampliando el elenco armamentístico como ningún otro capítulo hasta la fecha (y con ello, prácticamente permitiendo al jugador elegir el modo de afrontar cada situación).


Pese a que la acción es el nuevo estandarte de este capítulo final, sigue existiendo lugar para la infiltración. Se ha sustituido el camuflaje de “Snake Eater” por un nuevo traje que permite imitar el color y la textura sobre la que nos apoyemos. Nuevos ítems como el Mark II que nos brinda Otacon sirve como chivo expiatorio previo a nuestras acciones, mientras que el propio Snake tiene un halo a su alrededor que marca la cercanía y peligrosidad enemiga. Todos estos cambios e innovaciones tienen un fin y objetivo (junto con muchas otras sorpresas que reservo a los jugadores): mejorar y ampliar la experiencia de juego. Es intuitivo, eficaz y tan complejo y preciso como interactivo. Si jugablemente “Metal Gear Solid” representaba soledad y sigilo, “Sons of Liberty” sorpresa y desconfianza, “Snake Eater” miedo ante la naturaleza, “Guns of the Patriots” se distingue como el refinamiento de la tecnología para satisfacer las necesidades del hombre.





La cantidad de ítems, posibilidades (combate CQC, utilizar el Solid Eye para obtener información del entorno, enviar a MarkII), armas u objetos que incluso podremos no utilizar (más de la mitad) puede interpretarse como un cúmulo de elementos jugables mal implementados o más bien, una inteligente forma de otorgar al jugador la última palabra para resolver cada situación.

No obstante, MGS no obliga a radicalizar nuestras formas: la elección entre acción y sigilo puede dejar de existir cuando descubrimos que podremos avanzar impunemente (aún habiendo sido descubiertos) si llegamos hasta el siguiente punto de carga. Este defecto torpe de otras entregas se magnifica en esta entrega debido a la libertad de elección y situaciones que recibe el jugador. La I.A. y concepto de infiltración de la saga (poder no ser descubierto a escasos centímetros de los rivales) puede parecer torpe o teatral para un jugador no acostumbrado, pero resulta mucho más precisa, sincera y jugable que cualquier otro título de infiltración de la competencia.






Los enfrentamientos contra los jefes finales guardan las distancias respecto a otras entregas pese a ser sublimes. No resultan ni tan frescos como los originales de MGS ni tan carismáticos como la unidad de The Boss en Snake Ester, pero si que guardan coherencia con el juego de espejos que cada integrante del equipo “Beauty & Beast” se atreve a realizar respecto a viejos conocidos. Cada combate atesora rutinas perfectamente estudiadas, unidireccionales que no abusarán de la paciencia del jugador gracias a su excelente equilibrio. Incluso en ocasiones, “Guns of the Patriots” premia al jugador que utilice antes el ingenio que el gatillo.

El marco en el que se desarrolla la acción abandona la tendencia de otras entregas de llevarnos a un único gran escenario donde se desencadenan los acontecimientos: los sucesos de esta entrega tienen una repercusión global, lo que llevará a Snake y a su fiel compañero Otacon a desplazarse allá donde sus intervenciones sean requeridas. Aquí comienzan las divagaciones argumentales y donde tendremos que lamentar por siempre el destripe imperdonable realizado por el propio Hideo Kojima sobre ciertas localizaciones, las cuales hubiesen ganado aún mayor relevancia y sorpresa de poder haber sido descubiertas por el propio jugador sin necesidad de torpes e innecesarios trailers y mensajes virales.

Visualmente esta cuarta entrega juega con completa desventaja ante cualquier crítica o previsible comparación. Desde las primeras imágenes hasta nuestros días, MGS4 fue el rival a batir, la materialización de promesas, demostraciones técnicas y punta en lanza del sistema de Sony. Los continuos retrasos han provocado el por otra parte imaginable resultado final: Metal Gear Solid 4 sigue siendo visualmente espectacular, pero ha claudicado antes de coronarse. Los motivos varios: ínfulas sobre las capacidades de la Playstation 3 (los escenarios destruibles han sido sustituidos por sonrojantes scripts puntuales, arruinando un posible nuevo concepto jugable), algunas texturas que no están a la altura de la nueva generación y por desgracia, un frame-rate inestable que solo alcanza los 60 fps en momentos muy puntuales.



Las secuencias realizadas con el motor gráfico del juego vuelven a ser lo mejor del título en cuanto a términos cinematográficos como al uso de la tecnología y diseño del juego (captura de movimientos, imitación de tejidos, expresiones faciales etc.). Uno de los puntos a favor del título y la franquicia desde sus inicios ha sido el cuidado y artesanal diseño de producción con el que Kojima y Yoji Shinkawa -director artístico- han dado forma a la “cuadrilogía” MGS. Enfrentamientos como el de Vamp entre Raiden o cierta secuencia final del tercer acto son prácticamente intachables, desde su histriónica concepción (sólo apta y coherente en este sector) como su demoledora puesta en escena.



A estas alturas de la crítica, toca reflexionar sobre las propias secuencias de vídeo, su necesidad y funciones. No cabe duda que atar 20 años de historia resulta una tarea titánica, desproporcionada, más aún cuando el argumento de la saga se retorció hasta la hilaridad con su segunda entrega. Lo que no se puede perdonar es la duración de éstas (excesiva, resultando casi pedante) que castiga al jugador novato con más horas de vídeo que de juego dependiendo de la habilidad de éste. Irremediablemente, el jugador ligado a la franquicia verá en ciertas secuencias un valor argumental incalculable, tanto por profundidad como por calidad, aunque muchas otras no logran alcanzar el nivel por sus excesos y, por qué no señalarlo, carencia de elipsis por parte del intocable Hideo Kojima.


Harry Gregson-Williams, Nobuko Toda, Ennio Morricone son los encargados de apoyar las potentes imágenes con una banda sonora que, sin llegar al excelente nivel de la tercera entrega, vuelve a ser espectacular y muy probablemente, volverá a marcar a una legión de jugadores como las entregas previas. Temas como “Love Theme” o “Here´s to you” lograrán asociar nuestra memoria a este impactante e imperecedero capítulo final de la saga.

Pero conocer el desenlace del periplo de Snake no es la única finalidad de Metal Gear Solid 4. El fugaz modo online de Subsistance en Europa vuelve en esta entrega, completamente gratuito, con más opciones, más rico y con todas las novedades de esta entrega aplicadas a él. Por otra parte, MGOnline engloba a toda la saga, con guiños, melodías y escenarios de entregas previas de incalculable valor especialmente para los fieles jugadores desde los tiempos de MSX. Una guinda brillante que puede impedir evidenciar los errores o decepciones que han podido suponer este esperado juego.

Pero obviarlos sería caer en el engaño. La duración total del juego puede resultar muy escasa en relación con la cantidad de cinemáticas (sobre las cuales no vamos a entrar a valorar ante el debate sobre hasta que punto se adaptan al lenguaje narrativo natural de un videojuego) las cuales incluso pierden energía y pueden llegar a resultar anti-climáticas (especialmente las dos últimas horas y media de juego). Las instalaciones fueron otro incómodo tema tabú, ya que cada vez que avancemos un nivel o re-visitemos episodios previos el juego instalará entre 3 y 8 minutos.



Puede que “Guns of the Patriots” haya estado a otro nivel (ni por encima ni por debajo) respecto a las desproporcionadas expectativas que se han generado en torno a él. No toca ahora valorar este capítulo aislado, sino toda la obra en conjunto. Sin duda alguna, este particular epílogo a las venturas y desventuras de Snake (por otra parte, también las nuestras como jugadores todos estos años) nos han servido para valorar la evolución de la saga, ciertas decisiones y su repercusión en el sector. Un capítulo melancólico, aclaratorio y definitivo. Puede que la era de Solid Snake haya llegado a su fin con esta entrega, pero los que hemos luchado junto a él durante todo este tiempo no podremos olvidarla.

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